En un café, muy vacío , José María está sentándose en una mesa, esperando. Ana entra, y ambos intercambian un saludo raro y breve antes de sentarse otra vez en la mesa, uno cruza del otro.
ANA: Lleva mucho tiempo sin verte. ¿Cómo estás?
JOSÉ MARÍA: ¿Qué piensas Ana? ¿De verdad te importa? ¿No comenzamos con la razón que estamos aquí?
ANA: Vale. Primero quise decirte que nunca quise hacerte daño. Nunca imaginé que lleguemos a eso…
JOSÉ MARÍA: Claro pero eso ocurrió y aquí estamos. Sigue con lo importante. ¿Qué tienes que compartir conmigo?
ANA: Estoy en problemas. Voy a morir y necesito tu ayuda.
JOSÉ MARÍA: ¿De verdad,Ana? Otra vez con tu drama y crisis. ¡Dejame en paz! (empieza a levantarse para salir)
ANA: No, de verdad. Necesito tu ayuda. No quiero continuar con la lucha de divorcio. Solo quiero asegurar que nuestro hijo está de acuerdo. Puedo probar eso. Puedo pagar para su manutención por siempre.
JOSÉ MARÍA: ¿Con qué dinero? Estoy escuchando…
ANA: Eso no te importa ahora. Solo quiero morir con saber que tú me perdonas y que estaba lo mejor madre que pudiera. Quiero decirte que lo siento que todo mi corazón. Es lo único que puedo hacer. Yo voy a dejarte el dinero para nuestro hijo, para un poco de compensación por todo.
JOSÉ MARÍA: No puedo decir que te perdono. No puedo decir que eres una madre buena. Pero, puedo prometerte que tu hijo no tiene una mala percepción de ti, y que con el dinero, voy a garantizar que yo voy a cuidarle por siempre.
ANA: ¿Y ya está? ¿No podemos salir por siempre con una relación mejor?
JOSÉ MARÍA: Hay mucho que no entiendo. Y no quiero decirte que te perdono si no es verdad. Lo siento Ana. (Sale)
No hay comentarios:
Publicar un comentario