viernes, 6 de mayo de 2011

Relato: Cantante Callejero (dos realidades)

Luis camina hacia su callejón favorito, San Sebastían [el callejón de San Sebastián]. Se para precisamente en el centro del callejón. Se quita el sombrero y lo pone [deja] en el suelo, unos metros frente a él. Se queda en la misma posición, como siempre [Adopta, como siempre, la misma postura]. Luis respira [Toma aire] profundamente, extiende los brazos, y empieza a cantar una ópera italiana [un aria]. [Que gelida manina, la misma aria a la misma hora siempre] Siempre empieza con la misma ópera. Luis quiere que todos los vecinos le reconozcan por ella. Pero, los únicos transéuntes son los papeles de la basura que se mueven debido al viento fuerte [fuerte viento]. El sombrero se queda [permanece] vacío pero Luis insiste en cantar cada vez más fuerte con cada letra [con mayor pasión] para provocar a los vecinos [de la calle San Sebastían]. Verdaderamente, tiene una voz preciosa. Toma de nuevo aire llenando los pulmores como el agua del grifo llena un vaso. Tan pronto como [él] llega al punto culminante del aria, unas monedas caen del cielo y ruedan hacia el sombrero. Luis mira hacia arriba [levanta la mirada] y otras monedas empiezan a aterrizar en [se estrellan contra] el suelo de [la] Calle San Sebastían. Satisfecho ya con sus ganancias, se vuelve hacia el piso de donde vinieron las [primeras] monedas y cambia a otra ópera italiana [y entona el nessum dorma]. Pero solo puede cantar dos o tres compases porque una mujer desde el segundo piso le tira algo diferente. Una pequeña hoja de papel vuela desde su ventana [surca el aire]. Cada segundo, la hoja cambia de dirección debido al fuerte viento. Aunque la hoja flota así en el aire [parece un pájaro de alas muertas], aterriza [se posa] en el sombrero. Semejante precisión le fascina y se acerca lentamente. Se arrodilla y recoge la nota. La lee, cada palabra más lentamente que la anterior. "¡Enrico, que sorpresa! Me has encontrado aquí en Nueva York. ¡Sube presto, ahora me toca a mí darte una sorpresa! El código de la puerta es 1929. Un beso, Beatrix". Al terminar [de] leer la nota, [él] distingue a la [una] mujer que le sonríe desde la ventana. Con gestos seductores le repite su invitación. Beatrix mira a Enrico con una intensidad muy fuerte [con intensidad (o intensamente)], esperando la [su] decisión [si va a subir o no]. Beatrix cierre [cierra] los ojos, en la esperanza de que Enrico decida subir. Los abre. El cantante callejero [Luis], completamente confundido, se encoge de hombros y camina hacia la puerta [el portal] para marcar los números del código [del portal]. A la vez, Beatrix llena de alegría, cierre los ojos y abandona el peso de su cuerpo en la pared [se abandona en el apoyo de la pared] mientras imagina lo que puede suceder con su viejo amante [recordando viejas escenas de amor]. Se recupera y corre a la habitación para acicalarse. Su estomago se agita con cada paso [a cada paso que da] por la habitación. Nunca había sido gorda antes de venir a los Estados Unidos. Lo triste es que no reconoce que ha engordado [Lo triste es que no se ve en su actual figura] y aún viste la misma ropa de antaño. Se maquilla y cepilla su cabello. Para completar su imagen, se viste la falda que llevó en la primera actuación operística con Enrico [en la primera representación junto a Enrico]. No podrá resistírseme cuando me vea. Como todo la ropa de su armario, la falda no le vale. Ahora no está tan lisonjero [No le favorece, como cinco años atrás] como cinco años antes pero no tiene tiempo de reparar en detalles nimios. Dos golpes fuertes en la puerta la [le] sobresaltan. "Un momentito". Se pone los tacones y corre a la puerta. Toma aliento, posa la mano en el pomo lentamente para sentir la emoción del momento. Luego abre con decisión, saludando "Hola!"

"¡Me siento halagada [de] que me busques, a pesar de que te dejé hace tres años! ¡Bienvenidos a América, entra en mi piso por favor!" Luis, todavía confundido, le contesta con respuestas [con sonidos] breves y inaudibles. "Qué callado has puesto [te has vuelto], Enrico. Espero que no hayas perdido su [tu] habilidad en la cama." Luis coge una manzana del cuenco de fruta en [sobre] la mesa. La inspecciona con precisión. "Esto es un talento que nunca me dejará." "¡Ay, es que tienes hambre! Bueno, te pongo una merienda y una bebida, vale?" Ella le trae la bandeja con unas [unos] pasteles y una taza de café caliente. "Prueba esta copa que he inventado, Enrico. El médico me la recomendó. Lleva café, azúcar, leche, y algunas ingredientes especiales. Empiezo el día con esta bebida cada mañana, y siempre me ayuda relajarme."


Mientras ellos comen, Beatrix habla sobre su éxito en América en la ópera [de sus éxitos operísticos en América]. "La verdad, Enrico, es que vivo la realidad que todos en Europa sueñan. De hecho, lo que canté anoche fue una maravilla verdadera." "Cuéntame", dice Luis, con una cierta actitud de desinterés. Beatrix cierre los ojos para reflejar y imaginar su última actuación, pero no le acuerda [no la recuerda]. ¿Como era? Ay, fue anoche pero… ¿como era la muchedumbre? ¿Qué canté? Ella se pone frustrada [Se siente frustrada] pero no quiere que Enrico sepa [se dé cuenta de] su incapacidad [para] recordar lo que pasó. No importa. Beatrix ha hecho tantas actuaciones [ha culminado tantas representaciones] que ahora no [le] es posible recordarlas todas para contarlas a Enrico. Esto se finge para alentarse de sí mismo [Así se dice a sí misma para darse ánimos]. Luis termina con su copa [apura su copa] y [mientras] Beatrix evita la conversación diciendo que deben cantar juntos, como [en] los días del pasado. Lo arrastra el cantante hacia la habitación y exige que él se siente en la sofá. Beatrix pone la ópera italiana que Luis cantó en el callejero y se pierde en la música con sus [los] párpados cerrados. El cantante [Luis] no sabe como reaccionar, porque normalmente saldría de esta locura [Normalmente evitaría esta locura], pero su cuerpo se queda inmóvil como si la copa eliminara la capacidad [hubiera absorvido la fuerza] de sus músculos. Beatrix le acerca a Luis, llamándole Enrico, y empieza a masajearlo [acariciarlo]. Desabrocha la camisa, cada vez llegando más cerca [acercándose] a sus [los] pantalones. Se le quita la ropa de Luis con gestos sexuales y luego se desnuda también. Beatrix cierra los ojos otra vez [de nuevo], gritando [pronunciando] el nombre de Enrico en [con] una voz alta y musical. Él no le contesta. Su cuerpo envuelve [el cuerpo] esto del cantante. "Enrico, dime lo que quieras. Canta nuestra ópera. ¡Dime algo!" Nada sino el silencio.


Ella abre los ojos. Luis está acostada en la cama. "Qué bien", dice Beatrix, "era [ha sido] casi igual como si fuéramos [que cuando éramos] jóvenes. Pero tienes que irte, Enrico. Tengo que [He de] prepararme para la actuación [de] esta noche y tú has quedado bastante tiempo conmigo en mi piso [y ya te has quedado bastante tiempo]". Se visten rápidamente. "Enrico, quiero que vengas a la ópera esta noche. Llamaré a mi agente y lo digo que nosotros vamos a cantar juntos para la primera [próxima] ópera. Toma este dinero y compra un traje de nuevo. [Nos] Reunimos en el teatro a las 21:00". Luis coge el dinero de la mano y sale inmediatamente sin decir una sola palabra. [A] Cada paso [que da] hacia la puerta, Beatrix le grita algo nuevo. "¡Gracias! ¡Nos vemos! ¡No te olvides de esta noche!" Beatrix, tan [Está muy] feliz y satisfecha con lo que ha pasado, [y] canta la ópera [¿?] mientras camina hacia el teléfono para llamar al agente. Beatrix saca el teléfono [Marca un número] y cierre los ojos. El teléfono suena tres veces y por fin el agente lo cogió [Por fin lo cogen]. "Por qué continúas llamarme Beatrix, ya te he dicho un millón de veces que todas las óperas tuyas son canceladas [todos tus contratos han sido cancelados] para el resto del año [toda la temporada]." Beatrix trata de intervenir [intenta replicar] pero el agente sigue diciendo que ella está totalmente loca y que ella necesita dejarle [y que le deje] en paz. "¡No me llames nada más!" El teléfono cuelga con una fuerza ruidoso [ruidosamente]. Beatrix, chocada [sorprendida], empieza a llorar y sus ojos [se] cierran otra vez. ¡Esto no puede ser! Se queda un minuto llorando [Permanece un rato entre hipos y sollozos], todavía con el teléfono presionado a [presionando todavía en] su oreja. Cuando abre los ojos [cuando los vuelve a abrir] para mirarse en el espejo en [de] la pared, se oye una voz suave en la otra [al otro lado de la] línea del teléfono [telefónica]. "¿Beatrix? ¿Eres tú? ¿Por qué estás llorando? Venga usted [Ven] al teatro inmediatamente, necesitas [tienes que] acicalarse para la ópera [la función de] esta noche." "Claro", responde Beatrix, "sólo te llamo para decirte que voy a llegar un poco tarde. He tenido un visitante del pasado hoy." Cuelga el teléfono y vuelve a cantar su ópera [aria]. Beatrix mira al cuadro en la pared de sí mismo [mira al retrato suyo que cuelga en la pared], extiende los brazos, y va hacia la habitación para prepararse.







Beatrix en su habitación, y Luis en la calle, los dos se han separado, y nunca volverán a verse otra vez. En la calle, Luis cuenta su dinero mientras camina hacia su otro sitio favorito, la tienda de alcohol [licores]. Luis todavía se siente un poco mareado de la copa de Beatrix [por lo que ha bebido], pero la única medicina que puede curar esta vértigo es el alcohol. Cuando él llega a la choza, da dos golpes a la puerta para indicar quién es [como contraseña]. El propietario de la tienda [El tendero] sabe exactamente lo que quiere Luis y agarra la bolsa. Ellos intercambian el dinero [y] para la bolsa. La botella vale mucho más que un traje nuevo como recomienda esta mujer loca. Luis, contento, sale para su piso [camina hacia]. Enrico me ha invitado esta noche. Luis llega al apartamento, sube las escaleras y entra en su piso como normal [con normalidad]. Inmediatamente él oye el llanto de un bebé y se pone agravado [y se incomoda]. Cada día el mismo [es lo mismo]. Se sienta en su silla y empieza verter su primera bebida para la noche. Luis tiene ganas de terminar la botella entera esta noche [cuanto antes] porque la necesita. El bebé sigue llorando, pero Luis trata de ignorar el ruido con cada sorbo de su copa. Pero él no puede superar la combinación de la voz de su mujer gritando y el llanto del bebé. ¿Silencio, tranquilidad, donde están? El ruido es lo más peor de todo. Todos deben ser mudos, el mundo sería mejor [El mundo sería mejor si todos fueran mudos], de esto estoy seguro. Luis cierre los ojos para imaginar este otro mundo, pero las orejas [sus oídos] todavía son disponibles [atienden] al ruido de su mujer y del bebé. La situación es inevitable [insostenible]. En este momento, Luis abre sus ojos y mira hacia el bebé y su madre. Agarra el bebé de los brazos de ella, y lo tira por el otro lado de la habitación [Luis lo mira, lo arranca de los brazos de la madre, y lo arroja contra el otro extremo de la habitación]. El bebé se cae en [sobre] la mesa junto al pared y la mujer se queda aturdida. Tan pronto como el bebé aterriza en la mesa, Luis cierre sus ojos otra vez. El silencio le saluda. Por fin, ha llegado [a] su mundo ideal.

1 comentario:

  1. La narración, sobre todo al principio está muy cuidada. La descripción atiende a los detalles, a los que sabe dar vida. Un poco más de imagen, en algún momento es lo que propongo con la comparación del papeñl que cae con el vuelo de un pájaro herido.
    "Luego abre con decisión, saludando "hola". Aquí sobra algo, hay información redundante.La voz directa debiera comenzar párrafo, uniéndose así a lo que a continuación oímos. De otro modo es como cortar la trenza de agua que cae del grifo.
    "No importa" (tercer párrafo): ¿Estilo indirecto libre?
    "Nada sino el silencio". Debería comenzar el párrafo siguiente, e incluir un verbo en la frase.
    Comienzo del último párrafo: el narrador que ha estado participando de la situación con los personajes, intentando humanizarse con uno y otra, ahora se sale de perspectiva y ve la escena con omnivisión. ¿Es conveniente esta ruptura? Parece que es una conclusión fuera ya de la historia relatada, pero no es así, porque el relato luego continúa.
    "La botella vale más que el traje nuevo" ¿Estilo indirecto libre?
    "Enrico me ha invitado esta noche" (Idem?)
    ¿Quién pregunta: "silencio, tranquilidad, dónde están"? El verbo estar aquí es clave: la forma están orienta más hacia el narrador; si fuera un caso más de estilo indirecto libre, mejor sería "estáis": el personaje se dirige al silencio y a la tranquilidad (¿alucinación?
    La mujer aparece en escena sin preparación. No sabemos cómo, cuándo, con qué aptitud. Se echa en falta aquí aclaraciones del narrador. No conseguimos verla, tampoco la oímos: es un personaje fantasmal.
    Se repite con insistencia un gesto: abrir y cerrar los ojos, primero Beatriz, luego el cantante. Causa pobreza en la imaginación. Habría que buscar otros recursos descriptivos.
    No veo por ninguna parte la segunda acción, que se comunique con la primera a través de pasadizos, como en el modelo de Cortázar. En realidad hay una sola acción. El final no es tampoco un final para la historia. Es, más bien, una interrupción

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