martes, 17 de mayo de 2011

Cantante Callejero - correcciones

Luis camina hacia el callejón de San Sebastián. Se para precisamente en el centro de ello. Se quita el sombrero y lo deja en el suelo, unos metros frente a él. Adopta, como siempre, la misma postura. Toma aire profundamente, extiende los brazos, y empieza a cantar un aria. Que gelida manina, el mismo aria a la misma hora siempre. Luis quiere que todos los vecinos le reconozcan por ello. Pero, los únicos transeúntes son los papeles de la basura que se mueven debido al fuerte viento. El sombrero se permanece vacío pero Luis insiste en cantar con mayor pasión para provocar a los vecinos. Verdaderamente, tiene una voz preciosa. Toma de nuevo aire, llenando los pulmones como el agua del grifo llena un vaso. Tan pronto como llega al punto culminante del aria, unas monedas caen del cielo y ruedan hacia el sombrero. Luis levanta la mirada y otras monedas se estrellan contra el suelo de la Calle San Sebastián. Satisfecho ya con sus ganancias, se vuelve hacia el piso de donde vinieron las primeras monedas y entona el nessum dorma. Pero solo puede cantar dos o tres compases porque una mujer desde el segundo piso le tira algo diferente. Una pequeña hoja de papel surca el aire. Cada segundo, la hoja cambia de dirección debido al viento. Aunque la hoja parece un pájaro de alas muertas, se posa en el sombrero. Semejante precisión le fascina y se acerca lentamente. Se arrodilla y recoge la nota. La lee, cada palabra más lentamente que la anterior. "¡Enrico, que sorpresa! Me has encontrado aquí en Nueva York. ¡Sube presto, ahora me toca a mí darte una sorpresa! El código de la puerta es 1929. Un beso, Beatrix". Al terminar de leer la nota, distingue a una mujer que le sonríe desde la ventana. Con gestos seductores le repite su invitación. Beatrix mira a Enrico intensamente, esperando su decisión. Beatrix cierra los ojos, en la esperanza de que Enrico decida subir. Los abre. Luis, completamente confundido, se encoge de hombros y camina hacia el portal para marcar los números del código. A la vez, Beatrix llena de alegría, cierre los ojos y se abandona en el apoyo de la pared mientras recordando viejas escenas de amor. Se recupera y corre a la habitación para acicalarse. Su estomago se agita a cada paso que da por la habitación. Nunca había sido gorda antes de venir a los Estados Unidos. Lo triste es que no se ve en su actual figura y aún viste la misma ropa de antaño. Se maquilla y cepilla su cabello. Para completar su imagen, se viste la falda que llevó en la primera representación junto a Enrico. No podrá resistírseme cuando me vea. Como todo la ropa de su armario, la falda no le favorece como cinco años atrás, pero no tiene tiempo de reparar en detalles nimios. Dos golpes fuertes en la puerta le sobresaltan. "Un momentito". Se pone los tacones y enciende el radio para finalizar el ámbito romántico. Dos golpes más y por fin Beatrix corre rápidamente a la puerta. Toma aliento y posa la mano en el pomo lentamente para sentir la emoción del momento.

"¡Hola! ¡Me siento halagada de que me busques, a pesar de que te dejé hace tres años! ¡Bienvenido a América, entra en mi piso por favor!" Enrico le contesta con sonidos breves y inaudibles. "Qué callado te has vuelto, Enrico. Espero que no hayas perdido tu habilidad en la cama." Él coge una manzana del cuenco de fruta sobre la mesa. La inspecciona con precisión. "Esto es un talento que nunca me dejará." "¡Ay, es que tienes hambre! Bueno, te pongo una merienda y una bebida, vale?" Ella le trae la bandeja con unos pasteles y una taza de café caliente. "Prueba esta copa, Enrico. Lleva café, azúcar, leche, y algunas ingredientes especiales. Empiezo el día con esta bebida cada mañana, y siempre me ayuda relajar." Enrico se queda totalmente callado, pero su silencio es sustituido por la música del fondo, como si fuera su voz en la conversación.

Mientras comen juntos, Beatrix habla de sus éxitos operísticos en América. "La verdad, Enrico, es que vivo la realidad que todos en Europa sueñan. De hecho, lo que canté anoche fue una maravilla verdadera." "Cuéntame", dice Enrico, con una cierta actitud de desinterés. En este momento, el disco de la ópera italiana se termina y el silencio llena la sala. Beatrix cierra los ojos para imaginar su última actuación, pero no la recuerda. ¿Cómo era? Ay, fue anoche pero… ¿cómo era la muchedumbre? ¿Qué canté? Se siente frustrada pero no quiere que Enrico se dé cuenta de su incapacidad para recordar. No importa. Beatrix ha culminado tantas representaciones que ahora no es posible recordar todas. Así se dice a sí misma para darse ánimos. Luis apura su copa mientras Beatrix evita la conversación diciendo que deben cantar juntos, como en los días del pasado. Lo arrastra hacia la habitación y exige que se siente en el sofá. Luis no sabe como reaccionar. Normalmente evitaría esta locura, pero su cuerpo se queda inmóvil como si la copa hubiera absorbido la fuerza de sus músculos. Beatrix pone la ópera italiana otra vez y se pierde en la música con los párpados cerrados. Beatrix se acerca a Enrico, y empieza a acariciarlo. Desabrocha la camisa, acercándose a los pantalones. Se le quita la ropa de Enrico con gestos sexuales y luego se desnuda también. Beatrix cierra los ojos de nuevo, pronunciando el nombre de Enrico con una voz alta y musical. Él no contesta. Su cuerpo envuelve esto del cantante callerjo. "Enrico, dime lo que quieras. Canta nuestra ópera. ¡Dime algo!"

Nada sino el silencio. Beatrix abre los ojos. Luis está acostado en la cama. "Qué bien", dice Beatrix, "ha sido un placer conocerte. Pero tienes que ir. Ya te has quedado bastante tiempo". Se visten rápidamente. Toma este dinero, ¿cien dolores es bastante, no?". Luis coge el dinero y sale inmediatamente sin decir una sola palabra. A cada paso que da hacia la puerta, Beatrix le grita algo nuevo. "¡Gracias! ¡Nos vemos! ¡Llámame cuando puedas! Está muy feliz y satisfecha con lo que ha pasado, y empieza a cantar la ópera. Beatrix mira al reloj y se da cuenta de que está tarde para la actuación de esta noche. Ella camina hacia el teléfono, todavía cantando, para llamar al agente y avisarlo que estará un poco tarde esta noche. Marca un número y cierra los ojos. El teléfono suena tres veces y por fin lo cogen. "Por qué continúas llamándome Beatrix, ya te he dicho un millón de veces que todos tus contratos han sido cancelados para toda la temporada." Beatrix intenta replicar pero el agente sigue diciendo que está totalmente loca y que le deje en paz. "¡No me llames más, por favor!" El teléfono cuelga ruidosamente. Beatrix, sorprendida, empieza a llorar y sus ojos se cierran otra vez. ¡Eso no puede ser! Permanece un rato entre hipos y sollozos, presionando todavía el teléfono en su oreja. Cuando los vuelve a abrir para mirarse en el espejo de la pared, se oye una música suave al otro lado de la línea telefónica. ¡De verdad, es el aria italiana que Enrico cantó esta tarde! Beatrix vuelve a cantar su aria con la música del teléfono. Beatrix mira al retrato suyo que cuelga en la pared, extiende los brazos, y va hacia la habitación para prepararse para la audiencia que está esperándola.

No hay comentarios:

Publicar un comentario