Por fin salió el sol. Los charcos desaparecieron y el cielo cambió de gris a un azul fuerte como el mar. Había comenzado la primavera. Luigi no tenía ya que escapar de la lluvia. Por fin, podía regresar a su calle favorita en la ciudad de Nueva York.
Empezó a cantar...
“O soave fanciulla, o dolce viso
di mite circonfuso alba lunar
in te, vivo ravviso il sogno
ch'io vorrei sempre sognar!”
di mite circonfuso alba lunar
in te, vivo ravviso il sogno
ch'io vorrei sempre sognar!”
Su pasión por la música regresó de pronto. No había nadie, pero no importaba. Estaba solo con su voz, contento en su escenario.
Algo interrumpió su recital. Un papel doblado, cayendo desde el cielo, acababa de posarse en su sombrero. Parecía como una carta para él…Pero, ¿de quién?
Hacía diez minutos que Beatriz le escuchaba. Una sonrisa se había dibujado en sus labios. Era el aria preferida de Enrico, la que siempre entonaba para expresarle su desbordada pasión. Él también tenía una voz suave y dulce. Tal vez es Enrico, mi amor, que ha regresado.
No pudo resistirse a la tentación. Beatriz decidió enviar una nota al cantante, a su Enrico. Le invitaba a subir para compartir su cena. Después de enviar la carta, se acicaló para su amante.
Luigi abrió la carta. leyó:
Amore con la voz de un ángel, sube a compartir mi mesa y la infinita melodía de nuestro canto.
Te espero.
Bea
Confundido, miró a todas partes por dar con la autora. Vio a una mujer disimulándose tras una ventana del segundo piso, que le sonreía. Con un gesto de resignación y un gruñido en el estómago, obedeció sus señas.
Luigi abrió la carta. leyó:
Amore con la voz de un ángel, sube a compartir mi mesa y la infinita melodía de nuestro canto.
Te espero.
Bea
Confundido, miró a todas partes por dar con la autora. Vio a una mujer disimulándose tras una ventana del segundo piso, que le sonreía. Con un gesto de resignación y un gruñido en el estómago, obedeció sus señas.
Bea saludó Luigi con un gran abrazo y besos. Su Enrico había regresado después de meses sin verle. Luigi estaba confundido. No conocía a la mujer que le daba tanto este amor.
Luigi caminó por el piso y todo le pareció un poco familiar. Pero no sabía cómo. La pintura de Pavarotti, el frutero grandísimo, las escarlata cortinas terciopelos. No entendía porque los recordaba.
“Ven aquí guapo, come algo. Pareces cansado y no puedes caminar. Estás tropezando. ¿Cuánto tiempo llevas sin comer? ¿Dónde estabas Enrico? No te he visto ni he oído nada de ti en años, de repente saliste de mi vida. ¿Qué pasó? Estaba muy preocupada por ti.”
Luigi no respondió. No recordaba quién era aquella mujer, ni entendía quién era Enrico. Solo quiso algo de comer para recuperar su estado de mente. Comió rápidamente. Era delicioso.
Sin nada de conversación, Bea se dio cuenta de que tenía que esforzarse más para llamar la atención de su amante. Puso el disco de su opera favorita, el mismo álbum que él estaba cantando en la calle. Atenuó las luces y empezó a bailar y cantar. Luigi sonreía un poco, con sus ojos enfocando en el suelo. Bea siguió con su objetivo de animarle. Lo sacó y empezó a bailar. Su sonrisa creció y después de una canción más, estaban bailando y cantando juntos.
Luigi se preguntaba cómo sabía ella que era su ópera favorita. ¿Por qué tengo esa sensación tan íntima con alguien que no conozco, que no recuerdo para nada? Es como que somos amigos de Es como si hubiéramos sido amigos en una vida pasada.
Bea sonreía. Pensaba que su amante había regresado, y por fin le recordaba. Era exactamente igual que antes.
Subieron al cuarto de Bea y tuvieron sexo apasionado. Todo el tiempo, a Luigi le venían imágenes de una cara de una mujer, parecido a Bea, pero más joven. Siguió sin decir nada. Echó las culpas al alcohol, su veneno. Estaba imaginando cosas como siempre. Borrachón.
Inmediatamente después, Luigi se sintió feliz, más feliz que se sentía en meses más feliz que meses atrás. Su mente y su alma habían regresado. Pero, miró su reloj y se dio cuenta de que tenía que irse de prisa. Su esposa estaba esperándole. Tenía que regresar a la realidad. Con un beso de Bea, se fue, cantando.
Luigi regresó a casa, e inmediatamente, su sonrisa desapareció. Su bebé estaba llorando, y su esposa tenía miles de preguntas sobre su día. No pudo soportarlo más. Decidio irse. Huyo de la mierda de su vida, con una botella de Jameson en la mano y la ópera en la mente. Enrico había regresado.
No hay comentarios:
Publicar un comentario