domingo, 22 de mayo de 2011

Cantante Callejero - correcciones

Il dolce suono mi colpi di sua voce! Ah, quella voce m'e qui nel cor discesa!” La melodía flotaba de su despertador y alcance las ultimas minutos de su sueño. Sin abrir los ojos desconectar el despertador para seguir soñando. Beatriz estaba detrás del telón en el conocido Teatro Alla Scala en Milán entonando las primeras estrofas de su aria italiana. “Il dolce suono mi colpi di sua voce!” Su voz estaba en óptimas condiciones. No era la primera vez que cantara con los tenores más conocidos en Italia. La musica era su pasión, su amor y su vida. Era como cualquier otra representación sin Enrico. Pero ya nada era igual. Desde que se fue, dejó de sentir aquella música, por más veces que subiera a los escenarios para interpretarla. Había perdido algo en su corazón y en su maravillosa voz. Pero todavía cantaba como si él estuviera mirando. La luz se apagó y se hizo el silencio. Pasaron tres segundos; su corazón latía rápidamente. De repente las cortinas del telón se abrieron y brilló la luz. La música empezó y su voz seguía. “Mi serpeggia nel sen!...trema ogni fibra!...Vacilla il pie!...Presso la fonte meco T'assidi alquantoooo!” Con la última nota estallaron los aplausos. No dejó de sonreír. Además creía oír algo familiar en la distancia. Reconocía la voz de Enrico en cualquier lugar. Desde lo alto del teatro estaba cantando armoniosamente. “Ah, quella voce m'e qui nel cor discesa!” Enrico fue el único tenor con quien podía cantar sin límites. Ella recordó lo que le había dicho quince años atrás, “Si el destino nos reuna un día, será en un momento como este. Sería un momento hermoso, sólo oirás mi voz cantando. Sin vernos, sabrás. Pero recuerdas que siempre estoy contigo, no puedes olvidarme.” Ella no podía perder esta oportunidad. Corrió rápido a su vestuario en medio del aplauso. Escribió una nota a él la que no escondió sus deseos. Regresó al escenario justo en tiempo para el segundo aplauso y la tiró al auditorio invitando así al destino. Beatriz corrió a su cuarto y se puso más maquillaje y se vistió con las ropas que Enrico recordaría.

Fue muy temprano en la mañana con sólo un puntero de luz cuando Luis oyó música italiana desde una ventana de un apartamento en el centro de la ciudad de Nueva York. No podía caminar en línea recta ni parar de repetir las palabras. Iba dando tumbos por la calle. “Ah, quella voce m'e qui nel cor discesa!” Casi tropezó de una nota en el suelo y la leyó con curiosidad. Las palabras seductoras le llamaron la atención y decidió seguir sus instrucciones que la carta indique.

Llamaron a la puerta.

¡Enrico voy hacía ti! Entonó las primeras notas de su célebre aria.

Abrió la puerta y fue profundamente emocionada por el encuentro después spués de tantos años. “Enrico tiene lo mismo apariencia que el día que me dejaste! Le besó haciendo caso omiso del nombre que su visita había pronunciado. Rápidamente le ofreció comida y empezó a hablar sobre su carrera durante los años en que estado aquellos años de separación. “Cada teatro busqué para ti en la audiencia, escuché para su voz maravillosa y esperé para el momento que reuniéramos.” Aunque él trataba de escucharla sólo podía pensar en las palabras en la carta y qué pasaría después de acabar de comer. Quería beber más. Cuando hubo terminado, dio la vuelta para mirarla. Aunque no entendía nada de lo que Beatriz le decía sobre otros tiempos pasados y algo vago sobre el destino, no quiso cambiar el rumbo y la seguía a cama. Pasaron un rato teniendo relaciones sexuales cuáles, para él, fueron como con cualquier otra mujer. Beatriz no quería separar de él otra vez pero sabía que este tiempo fue diferente. Le miró cuando salió del portal y cruzó el patio.

Las palabras italianas repitieron, más fuerte esta vez. “Il dolce suono mi colpi di sua voce! Ah, quella voce m'e qui nel cor discesa!” Se levantó y corrió al teléfono para llamar a su agente para que le llevara más champán al camerino pero la persona que contestó le dijo que no le entendió, no había una representación en casi ocho años y que su agente había muerto. Colgó el teléfono muy confundida y triste y regresó a cama.

El calor de la luz se puso en un estado de mente muy relajado. Cerró los ojos y podía oler la fragancia de Enrico en su cuerpo y podía sentir las impresiones de su cuerpo en sus sabanas. Las palabras de la canción todavía estaban claras. Pero no sabía dónde estaba ahora…no había regresado y pensaba que hacía dos horas que había salido. Rompió a llorar pero cuando se vio reflejada en el espejo todo cambió. Pudo ver a la mujer que estaba en el escenario recogía las aclamaciones del público.

Luis corrió a la tienda de licores con el dinero de Beatriz en la mano. Compró algunas botellas de vino y regresó a su casa justo cuando el sol se elevaba. Se despertó del ruido de un bebé llorando. Su mujer estaba enfrente de él gritando que no había comida otra vez. “¡Estás borracho otra vez, Luis! ¡Por los dios ayúdame!” Luis trató de ver con claridad pero no podía. Agarró al bebé y le tiró al suelo y había silencio.

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