martes, 12 de abril de 2011

El Cantante Callajero

¡O celeste Beatrice! L’ebbi. . . ah! si. . . fidar mi voglio Nel mio core appien leggeste. Arno, è vero, e in questo amore È riposto il ciel per me.” El cantante callejero, se llama Luigi, canta a los paredes, los tendederos, y el olor que flota de una ventana abierta algunos pisos más arriba. De repente, una mujer grande aparece en la ventana abierta y ella alcanza su brazo por la ventana y lanza una nota que flota ante él, acompañando el olor del ajo en la brisa. “Si tienes hambre, tú y tu hermosa voz podéis uniros conmigo para la cena,” Beatriz dice en una voz grave, ronca y cansada. Mientras que él se mueve hacia las escaleras, Beatriz piensa a sí misma con entusiasmo, “No puedo creerlo… Enrico va a estar en mi piso!” y se va con mucha prisa para prepararse por su presciencia. Mirándose en el espejo, Beatriz oye un golpe a la puerta y llama por un momentito.

1 comentario:

  1. El narrador, en la segunda frase: "El cantante callejero, se llama Luigi"; rompe con sus explicaciones la inmediatez de la escena. Mejor: "Luigi canta a las paredes, a los tendederos". Nos quedamos con la intriga de cómo canta. ¿Se podría mezclar la impresión sensitiva de la voz cantando con la de los olores a cocina que se escapan al patio por las ventanas abiertas? Bien vista la secuencia de acciones de la mujer (detonante de la historia): su figura se dibuja en la ventana, asoma un brazo, deja caer una nota. "De repente" es un cliché narrativo innecesario, puede prescindir de él. ¿Desde donde la vemos? ¿Desde la posición de Luigi, o desde una ubicación imprecisa en el espacio? Dos veces se ha empleado el mismo verbo, flotar, en relación con los aromas del patio: esto podemos considerarlo no como una insistencia, sino como una falta de imaginación. Pero es muy interesante que las palabras escritas se mezclen con el olor a ajo. También podría añadirse una notación de luz, que hasta ese momento no se ha dado: unas palabras amables, un olos apetitoso, y una luz esperanzadora. Recuerde que hasta que ha aparecido esta mujer, Luigi cantaba solo a paredes y tendederos (paisaje desolado en humanidad). No debe el narrador acercarse tanto al personaje de la mujer, abandonando al cantante, a quien se había anclado. Así parecerá un saltimbanqui. Es pronto para conocer la voz de esta señora, y también para conocer su nombre, para lo que se debe reservar otro momento posterior: seguramente el diálogo podrá ofrecérnoslo a la vez a Luigi y a nosotros, los lectores. El "guión" que seguimos establece ahora un cambio de escenario: el personaje que cobra protagonismo es Beatriz. Al cantante lo deja entrando en el portal, y lo volvemos a ver accediendo al piso de la señora. Pensemos: ¿pasó algo importante por la mente de Luigi mientras subía las tristes escaleras del inmueble? Tenemos dos acciones simultáneas en escenarios diferentes. ¿Cuál nos conviene privilegiar? Podemos respetar en nuestro relato la simultaneidad que el guión no enseña? Proponga alguna fórmula narrativa.

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