“Ecco ridente,” canta un hombre, “in cielo spunta la bella aurora.” Beatriz está en su casa y le oye una canción familiar. Beatriz le responde, a Luis con una nota donde escribe la próxima línea de la canción: “e tu non sorgi ancora e puoi dormir così.” Ella piensa que el contante es su amigo de antaño, cuando triunfaban en los escenarios operísticos como pareja solista. Está muy animada para tener tiempo con Antonio porque cree que tendrá mucho tiempo para disfrutar de la visita de Antonio. Beatriz recuerda sus años con Antonio, los años en que lo amó. Y Beatriz se da cuenta que necesita darse prisa para hacerse el peinado, lavarse sus los dientes, maquillarse, y cambiarse de ropa. Beatriz oye un sonido en la puerta que llaman con un par de golpes secos en la puerta y se da prisa a la puerta en abrir.
El hombre entra en la habitación con cautela. La habitación es un poca extraña piensa, sin embargo él está curioso sobre el sintiendo a la vez curiosidad por la mujer. Y la mujer, Beatriz no para de hablar. Luis no puede decir nada. Pero Beatriz se da cuenta de Antonio está muy delgado, mucho más delgado que la última vez que lo vio. Por lo tanto, Beatriz insiste en que su amigo Antonio para que coma.
Beatriz habla y habla y la próxima cosa ella recuerda es que está en la cama con Antonio; parece de sus años antiguos. Ella cierra sus ojos y sonríe de oreja a oreja pero cuando ella abre sus ojos porque quiere mira a Antonio, nadie está en su cama. Anda a la cocina y no hay ningún plato sucio. Da una vuelta y ve una foto de cuando estaba en la opera. Beatriz empieza a cantar pero cambio en un grito de frustración, tristeza y desilusión. Cierra sus ojos y tira sus brazos en el aire.
Cuando Beatriz abre sus ojos, está sentando en la mesa y está escuchando por teléfono con su agente de opera. Su agente está diciendo que todavía no tiene ningún trabajo en la opera. Beatriz está muy nerviosa porque no tiene ninguna manera para ganar dinero. Necesita trabajo. No ha tenido trabajo en demasiados años. Ahora, Beatriz está en el final de su dinero. Mira a su refrigerador y aparador…hay nada. Beatriz dice que ella entiende. Cuelga el teléfono y otra vez Beatriz cierra sus ojos para llorar.
Finalmente, Beatriz abre sus ojos para el último vez. Beatriz está en su realidad verdadera. Beatriz tiene su hijo en su brazo y su marido está abriendo la puerta. Su hijo empieza llover porque tiene hombre y Beatriz no tiene nunca comida. Su marido, como siempre, está borracho. Beatriz cierra sus ojos pero este tiempo, cuando abre sus ojos todo es lo mismo. Empieza gritar a su marido porque el está tarde y borracho. Quiere estar otro mundo pero no es posible.
El narrador inicia su trabajo ahorrando demasiadas informaciones: ¿Dónde está cantando el hombre? ¿Qué conexión de lugar hay entre el hombre que canta y Beatriz? ¿La canción que oye Beatriz es la misma que canta el hombre? ¿Luis es el mismo personaje que Antonio? ¿Cómo llega la nota al cantante? ¿El hombre que accede a la casa de Beatriz es Antonio, es Luis, o un desconocido? Alguna de estas preguntas se resolverían con un narrador que se hubiera asegurado un lugar desde donde contemplar la escena: cerca del cantante, junto a Beatriz, o lejos de ambos; pero este narrador no sabe dónde ubicarse.
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