martes, 27 de abril de 2010

Historia de "El Cantante Callejero" (Casey Judge)

El sol estaba bajo en el cielo brillando débilmente en el callejón por primera vez en la primavera. Todavía hacía un viento fresco sobrante del invierno, pero todos los vecinos tenían sus ventanas abiertas. Por las ventanas olían la mezcla de ajo y basura humeante. Había desperdicios tirados por el suelo y ropa colgada y susurrando en las ventanas. Los ladrillos de las paredes erosionadas parecían mas bonitos con el centelleo del sol.
Por las ventanas empezó un sonido de alguien gritando, y después el sonido de monedas cayendo al suelo. Una de las vecinas, Ruth, fue a la ventana para ver lo que estaba pasando y vio un mendigo, no gritando, pero tratando a cantar. El estaba en el callejón, chillando con sus brazos arriba como si fuera un cantor de opera. Los vecinos de Ruth estaban tirando dinero para que él deja hacer ruido.
Desde que su novio la dejó dos años antes, Ruth estaba sola en su piso. Ella siempre sentía aislada del mundo de amor, pero cuando vio al mendigo, Ruth quería su compañía. Por eso, ella escribió un mensaje en una carta y la tiró por la ventana por el suelo al lado del hombre. El hombre vio la carta y miró arriba hasta la ventana de Ruth.
"¡ Sube, sube! A piso cuatro," dijo Ruth.
El mendigo, un poco borracho y confundido, decidió a subir al piso. Mientras él subió, ella se arregló su maquillaje y su ropa. Ruth, muy ilusionada con su visitante prospectivo, estaba corriendo por el piso para estar lista y guapa. Se puso perfume de lila en su pecho, y encendió una vela de canela en la sala.
El hombre hizo un toc-toc en la puerta, y Ruth fue, de modo seductora, a la puerta para recibirlo.
"Hola Señora, me llamo Frank."
"Pues hola Frank, me llamo Ruth, bien venidos. Puedo colgar tus cosas?"
"Pues, sí, gracias."
Frank dio un paseo por el piso durante Ruth estaba colgando su chaqueta. El estuvo mirando unas frutas cuando Ruth le ofreció comida. Frank, muriendo de hambre y de sueño, la aceptó. Cuando Ruth sirvió la comida a Frank, él estuvo completamente concentrado en comer. Sentada allí, Ruth sintió frustrada, indignada, y otro vez sola en su piso. Pero cuando Frank acabó de comer, Ruth siguió su papel de seductora. Le trajo a su habitación y empezó a desvestirle.
En la habitación no había muchas muebles, solamente una cama pequeña, una lámpara a su lado, y algunos cuadros montadas en la pared. El olor de lila persistió, pero Frank no lo notó. Ruth sacó la camisa de Frank, y después empezó a desvestir su mismo. Ruth siguió a besar el cuello de él y después apagó la luz. Los manos de Ruth temblaba un poco para solamente un segundo porque hacía mucho tiempo que tocaba un hombre. Los acciones de los dos fueron desesperados, necesarios.
Luego los dos, satisfechos, se vistieron.
"Siento joven para la primera vez en años," dijo Ruth sonriente.
"Me alegro," dijo Frank, sin emoción y ojos cansados.
Ruth pago a Frank, y le dijo que debe regresar cuando quiere. Cuando él ya salió, Ruth sentía una nueva oleada de inspiración, y empezó a cantar. Cuando era joven ella fuera una cantor famosa, pero con tiempo ella perdió su inspiración. Pero después de su amor físico con Frank, ella pudo cantar de nuevo. Sus canciones fueron por la ventana y en las casas de sus vecinos como una brisa suave y agradable. Ella, en una manía, llamó a su agente y dijo que podía cantar como antes. El le dijo que si eso fuera la verdad, ella podría regresar a cantar profesionalmente y ella puso a llorar de felicidad.
Frank, después de salir de la casa y contar su dinero, fue a comprar alcohol en una taberna clandestina. El edificio fue oscuro y mojado, como un lugar donde solo ratones van. Frank compró su vicio de un hombre grasiento, y salió para la casa. Estaba lloviendo, y Frank sentía mojado hasta sus huesos. Sentía llena de nada mas que alcohol.
Frank llegó a casa, nadando por basura, y oyó el sonido peor del mundo: los gritos de su bebe. Como una sirena de emergencia que nunca para, el niño siguió a llorar cuando él entró en la casa, y después cuando sentó en la mesa. El sonido de los gritos llenó su mente, y Frank volvió loco con una oleada de ira. De repente él tiró el bébé y empujó a su mujer al suelo. Salió de la casa sin dar una vuelta, y regresó fuera del callejón de Ruth. El no entró en el piso, solo paró afuera y escuchaba la voz de Ruth. Frank no sintió felicidad por el sonido, sino la tristeza de su vida perdida.
La lluvia siguió cayendo en su cuerpo como lagrimas en una mejilla, como las lagrimas que Frank quería expresar, pero nunca pudiera mostrarlos.

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