El cantante callejero:
por Lyndsay De Carolis
Un hombre pobre, Frank, canta en la calle con su gorro en el suelo. Monedas cae desde las ventanas de las habitantes, la mayoría de las fuera del gorro. Con un voz fuerte y alto, Frank mira el cielo y continua con brazos abiertos. De repente, una mujer, Ruth, abre su ventana y se la cae una carta pequeña. Cae lentamente hacia el gorro. Frank coge la carta, y lee:
Quiero oír tu voz en mi oreja. Ven a mi apartamento en la segunda planta, guapo.
Beso fuerte,
Ruth
Con ojos anchos, Frank mira a la ventana, y ve Ruth, mostrando la camina para subir. Coge su gorro, y entra el edificio. Por otra parte, Ruth corre en el baño para prepararle para la visita, cantando con alegría y emoción. Pone maquillaje y un vestido estrecha, para mostrar que cuerpo tiene ella. Oye un knock en la puerta.
RUTH: (en una voz llena de sedución) Hola, ¡un momento guapo! Tu puedes entrar, la puerta está abierta.
Frank abre la puerta lentamente.
FRANK: (con un poco de hesitación) Hola. Gracias por invitarme.
RUTH: (cogiendo la mano de Frank con elegancia) Y a ti, gracias por aceptar la invitación. Me alegre mucho que estás aquí. Ven aquí, guapo, y ver mi apartamento.
Frank mira la fruta en la mesa y coge una manzana.
RUTH: Ah, ¿tienes hambre? Pobrecito, una manzana no es mucha comida. ¿Quieres algo más?
Ruth prepara un plato de comida para Frank, y sienta al lado de él en la mesa, bebiendo café. Frank no ha comido mucho hace unos días, y tiene mucho hambre. Calla mientras come con agradecimiento.
RUTH: Mira, aquí hay un plato de comida. Cómelo. ¿Te gusta la comida?
FRANK: (con una boca llena de comida) Mucho. Es la mejor que he comido hace mucho tiempo.
RUTH: Pues, cuando yo era una estrella grandísima de ópera, tenía una criada para hacerme la comida. (ella pase la sal a él) Y después, ocurrió el caído de mi compañía de opera. Todavía no es mi culpa…(se pone la cara triste pensando en eso evento) Pero, puedo cantar en la misma manera que podía. No he perdida nada de mi talento. (se levanta y anda hacia el escritorio, mientras Frank continua a comer y beber.) Si, si, esos eran los días mejores de mi vida. Viajaba por todo el mundo y me daban entradas gratis a los restaurantes más exclusivas. Tenía espectáculos cada semana, tenía agentes, secretarias…
(Ruth da una vuelta para mirarle. Pone sus brazos encima del escritorio, y empuja su pecho a Frank.) Tenía admiradores también. Los hombres que me querían…y yo sé como satisfacerlos… (coge las manos de Frank, y anda por el salón) ¿Por qué no vamos a un lugar más cómodo?
Frank y Ruth entran en el salón, y él se tumba en la sofá. Ella se pone un almohadón atrás de su espalda.
RUTH: Aquí, un almohadón para tu espalda. Yo lo compré en Turquía. Ah, el lujo que era mi vida antes…Pues, relaja y permíteme a mostrarte como puedo tratar los hombres.
Ella empieza a deshacer la camisa de Frank lentamente.
RUTH: ¿Por qué no empezamos en esta manera?
Ella deshace los pantalones de Frank, y toca a él mientras besando su cuello. Después de un rato, ella se desnuda y apaga la luz. Empiezan a tener relaciones sexuales.
RUTH: Qué cuerpo tienes, ¡uy! Pero yo empecé, ahora contrólame como tú quieres. ¡Guau, que placer eres tú! ¡Qué sensación! ¡Uy! Venga, hombre, no sabía que tendrías este talento además que tus canciones. ¡Que sorpresa, que placer!
Cuando terminan, Ruth se viste y se levanta. Coge la ropa de Frank y ayuda a él.
RUTH: Y vestimos. Ahora, tu corbata…así es. Perfecto. Yo sé que vida es difícil ahora, pues, toma ese dinero. Tu lo has merecido y más.
Ruth da dinero a Frank, y Frank acepta sin emoción ni una gracias. Parece muy cansado, y empieza a bajar la escalera. Ruth llama él, y continua cuando él está en la calle.
RUTH: Ten cuidado por las calles, guapo, no quiero que alguna persona hace daño a ese cuerpo. ¡Que fuerte! Ojala que regreses en poco tiempos…Hasta luego guapo. O mejor, hasta la próxima vez.
Por fin, Frank desaparece alrededor de un rincón. Ruth está increíblemente feliz, y canta fuertemente con su salón. Con rapidez, ella coge su teléfono y llama a su amiga Annie.
RUTH: Annie, ¡Escúchame! Tengo que contarte algo.
ANNIE: No tengo tiempo Ruth, tengo mucha prisa.
RUTH: (gritando) ¡Digo escúchame! En serio Annie, yo sé que tu no tienes algo más interesante en tu vida que echarme. Pues, eso es que pasó. Un hombre en la calle, un cantante, me miró en la ventana y me preguntó para subir a verme, porque no podía resistir ese cuerpo que ha visto. ¡Uy! (empieza a llorar) Yo puedo recordar los días donde este ocurrió cada noche. Me querían, Annie, todos me querían. La fama, la cantidad de fama que tenía, ¡uy! Echo de menos esa vida, ¡que vida! O, como deseo que la caída no pasó, que pena, que pena era. Todo mi futuro, todo mi talento…se perdió. (comienza a reírse) Pero, jaja, todavía sé que y soy la mejor cantora que ha existido en el mundo de ópera. Y nada caída de una compañía puede cambiar eso, ni cambiar la manera en que los hombre me quieren. Jaja, pues tengo que irme Annie, hasta luego.
Con su dinero nuevo, Frank va a un lugar donde sabe que vende alcohol, una puerta casi escondida en una calle estrecha cerca de su casa. Llama a la puerta.
FRANK: Hola. Soy Frank. Quiero comprar algo, tengo dinero. ¡Ábrala!
JACK: (el vendedor abre la ventanilla y le mira con escrutinio.) ¿Cuánto dinero tienes?
FRANK: Bastante. Dame una caja de botellas.
JACK: Que raro este cantidad de dinero por ti. Mira, no haz tan ruido la próxima vez que vienes, no quiero ninguno problema.
Frank da el dinero a Jack, y Jack una caja llena de botellas variadas a Frank. Jack cierra la ventanilla y Frank anda hacia su casa rápidamente, escondiendo la caja en su chaqueta. Llega a su casa y tan pronto como entra, su mujer embarazada Sally empieza a gritar, con el bebé llorando en sus brazos. Frank sienta en la mesa y verte una copa.
SALLY: ¿Y dónde estabas tú? ¡Junior tiene hambre, tu debías regresar a casa hace una hora! O, ahora yo veo, bebiendo. Pues, muchas gracias por apoyar tu familia. ¿Y qué piensas que vamos a comer nosotros? Pienso que es demasiado tarde para empezar beber Junior, y no puedo beber Whiskey tampoco por mi estado. Me alegre que tengo un marido tan generoso y benévolo. ¡Qué horror es mi vida!
El bebé continua a llorar, más fuerte con cada segundo. Sally mira a Frank con desdén.
FRANK: ¡Hasta las narices contigo, Sally! ¡Déjame en paz! No tengo ganas de oír una lectura por ti. Por dios, ¿cuando parará llorar? Por lo que más quieres, ¡cállate Junior!
Frank coge Junior por su manta, y le tira hacia la pared. Sally grita.
martes, 13 de abril de 2010
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