martes, 13 de abril de 2010

El cantante callejero--NV

El cantante callejero

Un mendigo desesperado, Frank Singatya, canta en la calle de la ciudad Nueva York para conseguir limosnas. Los yanquis lanzan monedas por las ventanas, con la esperanza que el ruido acaba.

Una mujer, Ruth Scarsdale tiene otros motivos. Al gran final de Frank, la femme fatale se cayó una carta que paro tranquilamente en la gorra del mendigo. Se agachó y leo el mensaje:

Yo tengo todo lo que necesita. Súbete al 5° piso, a la derecha.

XOXO Ruth

El papel olía a pituli y a sudor, pero el hombre no tenía el lujo de orgullo. Miraba hacia la mujer, quien le señaló con la mano para subir. El hombre complació.

Ruth dio una vuelta con una mezcla de alegría y nervios. Ella se fue a su bañero para arreglarse rápidamente. Cepillo el pelo, hizo la maquillaje, se vistió en u vestido seductivo, y por fin—KNOCK KNOCK.

Entra” dijo Ruth, mientras correteaba a la puerta.

“Hola, buenas noches” dijo Frank en una voz dura, como rocas cayéndose por un pozo.

“Hola, jolita, guapetón—me alegro que te subiste” comento la mujer con un pecho engreído--”Venga para acá, hágase cómodo—mi casa es su casa” dijo mientras guiarle a la sala.

“ ¿Qué hace un hombre guapo y fuerte en las calles a solo?” a ella le preguntó suavemente.

“Buscando comida” dijo el hombre, en pocas palabras.

“Vale…entonces, déjame prepararse algo—insisto” y escapo a la cocina por un rato. “Venga, unas patatas con salsa con un café…mi comida preferida durante los grandes viajes por autobús…” comentó a Ruth con nostalgia. “Sabe Ud. Que cuando viajaba por los EEUU cuando era más joven que yo siempre…”

“Pásame la sal” interrumpió a Frank, sin parecer prestar atención a ni una palabra que decía a la mujer.

“Por supuesto…me olvide salpimentarlas…”

“Solía nunca tener que cocinar mi misma comida, nunca. Cuando era famosa había un montón de cocinero que murieron para cocinar la comida para mí.” Recordó la mujer, aumentando el volumen de su voz cada palabra más.

“Ahhh, la vida privilegiada—lo que daría para regresar a estés años” dijo con un suspiro. Le dio la vuelta como bailarina y le dijo “todo le queda bien, guapo--¿estás satisfecho?” Cogió las manos “ven aquí, relájese por un rato, me parece agotado”. Ruth le guilló al hombre al sofá para tumbarse. Le puso una almohada detrás de su espalda “Perfecto, mejor así, ¿no?”

“Ahhhh, que noche más color, ¿no? Ay dios, es un verano quemador.” Con estas palabras, caminó la mejer detrás de Frank, “Ay, estas sudando, déjeme aflojar la corbata un poco”. Le quitó la corbata y comenzó a deshacer su camisa. Sus dedos temblaban con nervios. Hacia tanto tiempo que tocaba a un hombre.

“Mmmm, ¿cómo se siente?…oh, ¡muy bien!” comentó la mujer mientras besaba al cuello de Frank y puso su mano en sus pantalones. Se acercó a la lámpara y seductivamente quitó la ropa antes de apagar la luz. Le acostó sobre su cuerpo con una suspira “Déjeme ayudarle con todo, guapo”.

“Ahhh, venga, cante a mí, callejero” gritó a la mujer con alegría.

Después de acabar, Frank le quedó tumbado y Ruth se vistió--”¡Qué fantástico era! Me siento una jovencita.” dijo a la mujer satisfecha, mirando al hombre. “Vale, que gozada fue tenerle aquí…venga, el…ultimo…botón” dijo a Ruth mientras le ayudó con su camisa. “Aquí, guapo, también te quiero dar algún dinero y agradecerle por una noche estupenda” le dijo a él con una mirada sincera. “Seguro que me va a ver bajo las luces brillantes muy pronto--¡busca Ruth Rialto!” dijo con una voz orgullosa. “Y no olvide en mi—estaré aquí cuandoquiera para una comida y…buenas noches” dijo Ruth, esta vez mas tímidamente, sin saber lo que era el dinámico entre los dos por una falta de comunicación por la parte de Frank.

“¡Cuídese, guapo—y regrese cuandoquiera!” gritó por la ventana a su amante de la noche mientras caminaba calladamente afuera de la vista.

“¡La, la, la, la, la, la, la LAAAAAAAAAAAAAAAA!” cantó a Ruth con un fuego de inspiración nueva. Se sentía como si fuera una joven hermosa otra vez, y como si pudiera hacer todo en ese momento.

“Buenas, dame agente Michael Sparks, por favor” dijo a Ruth con una confianza nueva.

“Sr. Sparks está en una reunión ahora. ¿Puedo sacar un mensaje?” dijo a la recepcionista secamente.

Ruth se enfadó intensamente—ella tenía que hablar con Sparks en ese momento--”Dile que soy su talento numero uno, y si no contesta su puto teléfono, voy a dejar la agencia inmediatamente!”

“Espere, por favor” le dijo a Ruth.

“Diga, soy Sparks”.

“Ahhh, Michael acuerdas de tu súper estrella original? Pues he vuelto canto mejor que nunca y estoy listo para actuar otra vez en el escenario.” le dijo al agente con convicción.

“iAy, Noooo! Seguro que podemos averiguar algo—estoy para dar las representaciones mejores de mi vida!” lloró a Ruth.

“Vale, sí, supongo que puedo venir y dar una audición” sorbió patéticamente.

“Vale, vale, vale, vale—claro, sí, vendré mañana—espero que estés listo para ver una Ruth Rialto nueva…nos vemos” ella le dijo, ilusionada. “iAaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!”

Frank caminó bruscamente—contando el dinero con una miríada de emociones. Se sentía vergüenza por lo que había hecho con esta mujer. Se sentía emocionado porque nunca había visto, ni tocado tanto dinero en su vida. Se sentía vacío y perdido—este hombre no es el que conocía.

Caminó a la casa de un amigo suyo—un amigo viejo. Hacia 3 años en que perdió todo lo importante en su vida.

“Oiga, Slick Jack, ¿estás allí? Soy Frank” dijo en voz baja. “Tengo 30 dólares, dame lo que puedo comprar.”

“Joder—hombre, no esperaba verte por aquí jamás” dijo un hombre, casi indistinguible por causa del cigarro colgado por sus labios. “Toma--¿todo está mejor con tu mujer y la familia? ¿Por fin has encontrado trabajo? Seguro que es casi imposible hoy en día—puta economía.”

“Venga, si, todo está bien…hasta ahora” dijo Frank con prisa.

En ese momento tenía mucha vergüenza por lo que había hecho con aquella mujer. Había conseguido dinero sucio, y por eso no iba a gastarlo en su familia—mejor usar el dinero corrupto para un pecado corrupto. Frank se fue corriendo deprisa a casa—disgustado con sí mismo.

Regresó a su barrio con el oído familiar de un bebe llorando. Entro en la puerta de su casa y las llamas aumentaron. Se sentó y se puso a emborracharse.

“Ai, estas aquí--¿por qué no me dijiste nada? ¿Has conseguido trabajo ya? ¿Qué estás haciendo?” preguntó su esposa Sally, preocupada. Su niño, Junior, empezó a llorar más fuertemente.

Frank tragó toda la opa—un intento desesperado para olvidar todas sus preocupaciones.

“Frank, dime una cosa—estoy en casa TODO el día cuidando a TÚ hijo, nosotros dos con hambre, y TÚ regresas a casa con un montón de alcohol. ¡Dime si algo te extraña de esta situación, porque TODO me parece a mí una putada! Dijo Sally, templando cada palabra más con emoción.

“Vale, entonces, déjame resolver uno de nuestros problemas” gritó a Jack, y agarró su hijo y le tiró con fuerza a la pared. El bebe se cayó con una llanta horrorosa.

Escena

Frank volvió a vivir en la calle cuando su mujer exigió que se fuera. Hacía tres semanas durmiendo en un cartón que él vio un cartel con una cara familiar—la de “Ruth Rialto.” La propaganda leyó que la cantante famosa iba a representar en el Madison Square Garden esta noche. Se ponía ilusionado—era su oportunidad para experimentar el otro lado de la vida. Con esta mujer, podía vivir una vida privilegiada—tenía que ir a la actuación para ver a Ruth.

Se fue esta noche a Madison Square Garden después de bañarse en el fuente y al encontrar una camisa nueva. Las entradas resultaron $5—que lastima que no ahorró ni un poco del dinero de Ruth. Seguro que ya hubiera gastado todo en las semanas pasadas.

Frank decidió esperar afuera de la puerta principal. Una y otra vez, cuando salió un espectador, podía oír unos momentitos de la representación. Ruth cantaba como un ángel—le fascinaba en su talento.

Después de una hora y media, la gente se fue del teatro. “Seguro que Ruth va a salir por esta puerta también” pensó a Frank. Tenía razón. Después de otra hora, Ruth salió por la puerta…con otro hombre que seguía adelante. No importaba—Frank le acercó, “¡Ruth, Ruth, soy yo, Frank! ¿Me acuerdas? Estaba contigo hace 4 semanas--¿me acuerdas?”

“¿Perdón?” preguntó a Ruth. “Si quieres dinero, yo solo tengo unos pocos céntimos, hombre, lo siento”.

“No, es que no quiero dinero, Ruth, pensaba en ir a casa contigo, tal vez…” dijo Frank, se dando cuenta de lo tonto que eran sus palabras ahora que ya las había dicho.

“¡Ja ja ja ja ja ja! ¿Por qué iría a casa con un mendigo que huele a alcohol?” rió a Ruth “yo soy superestrella, no tengo relaciones con la clase baja!” le dio la vuelta para mirar al hombre a su lado—los dos se rieron juntos y se fueron a un Mercedes. El hombre, en un traje elegante, abrió la puerta del coche para Ruth. Ruth se bajó en el asiento y bajó la ventana. Se cayó unos billetes del coche, y los dos se fueron juntos.

Frank se acercó a la calle y vio cien dólares. Los cogió, se sentía confundido, vacío, y desilusionado.

Se fue caminando por la ciudad. Se paró al oír el sonido de una guitarra. Dejó al lado del guitarrista y se puso a cantar.

Nathan VanderVeen

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