El Cantante Callejero
Por Daniel Silverman
En el callejón, un hombre canta en la luvia...de basura, cayendo desde arriba.
“Venga, coños,” grita a nadie en particular. “Ya se que estan allí.” Un brazo feminino le ofrece esperanza - en la forma de un sobre - que cae desde la ventana arriba. El cantante lo recoge, descontento al no encontrar dinero adentro.
4, IZQ.
El hombre sube hasta el cuarto piso del edificio, mientras la mujer queda por un minuto infatuada en su comedor. Maquillándose rapidamente, oye un Toc, Toc.
“Voyyy,” canta felizmente al hombre afuera.
“Hola,” gruñe el hombre.
“Pobrecito!” ella agarra su mano. “Que te descanses un poquito!”
“Tienes una voz esplendida,” ofrece la mujer.
“¿Que hay pa’ comer?” pregunta el hombre, mas interesado en fruta que conversación. Dentro de un minuto, ella le trae una cena completa.
“Aquí, come,” manda, colocando la bandeja sobre la mesa.
“¿Está bueno?” le pregunta cuando empieza comer.
“No esta salao, pero si bueno,” le contesta entre bocados.
“Pues, siempre he tratado de hacer comida saludable,” dándole el sal, “pero mi marido siempre no le gusta.”
“Si mi marido no me aprecia,” continua, pausando. “Pero casi nunca está aquí...”
“Bueno, pongate cómodo...relajaté un poquito...y cambiate desde esta ropa horrible,” ella susurra mientras le lleva a la sofá y deshecha los botones de su camisa.
“Yo necesito cambiar también,” dice, revelando su cuerpo desnudo y iluminado bajo del lámparo.
Empiezan a hacer el amor sobre la sofá, y los “oohs” y “ahs” son audibles mientras ella sube y baja sobre su figura inmóvil.
“Eres un amante muchisimo mejor que mi marido,” declara. “Un hombre verdadero.”
“Aquí, compra alguna ropa nueva,” dándole unas monedas, “y regreses cualquier tiempo que quieras.”
Inmediatamente después de que sale, ella llama su esposo y le grita, “¿Coño, pero donde estás? Me has hecho sentir tan...solo,” y ella empieza a llorar, “que he tenido que estar con otro hombre. Lo siento, lo siento. Si, si, yo sé que soy una puta,” y se rie.
Acabada con la llamada, ella canta de felicidad a un cuadro hecho en su propia imagen.
El cantante cuenta el dinero ganado, contento por primera vez. Toc, toc. “Lo usual,” dice a la cara en la ventana. “Si, Juan...aquí está,” dice la cara mientras la da una bolsa grande llena de botellas. “Gracias,” dice el cantante.
El cantante sigue el camino oscuro y sucio hacia su propia casa. Entra a los gritos usuales del bebé y las preguntas de la mujer: ¿Juan, pero que has traido? El bebé tiene hambre y...”
“¿¿Pero has comprado más bottelas?? Coño, ¡no te puedo creer!” ella le grita.
“Callate, puta!” dice el hombre mientras coge el bebé y lo tira hacia la pared.
“¡Monstruo!” grita la mujer embarazada con lo que sería una boca más para alimentar, una vida más para destruir.
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