martes, 9 de marzo de 2010

Escena del teatro (Bryan)

La mía es muy larga también. Lo siento.

Un campo completamente cubierto de margaritas. Es el mediodía. Hace a un sol estupendo y un calor poco sofocante. Hay un choche en la distancia. En el centro se sienta en una manta EVITA, chica de 17 años. Ella no es guapísima, sino normal y tiene forma delgada. Está pensando y coge un parasol. A la izquierda se encuentra su hermana GABRIELA, mujer de 24 años que tiene una figura más ronda, pero guapa. Está acariciando su caballo. Nadie habla por varios minutos.


EVITA: (con una respira honda) He echado de menos este oler.

GABRIELA: (mirando el caballo, espalda a EVITA) Sí.

Silencio.

EVITA: (cogiendo el abanico) ¡Hace mucho calor!

GABRIELA: (al caballo) Sí.

EVITA: ¡No puedo creer que ya es el verano! No lo sabía, porque esta es la primera vez que puedo salir de casa.

GABRIELA: (al caballo) Yo sé.

Silencio. El caballo relincha.

EVITA: ¿Y cuánto tiempo llevo quedándome en cama? ¿Cuatro años?

GABRIELA: (volviéndose a EVITA) Creo que sí…

Silencio.

EVITA: (con ácido) ¿Por qué me llevaste aquí y quedarte silenciosa todo el tiempo?

GABRIELA: Quiero disculparme.

EVITA: ¿Por cuál de tus delitos? ¿Robando mi príncipe azul? ¿O casarse con él?

GABRIELA: Ninguno. Por no pedir tu permisión antes de salir con él. Pero debes saber, estamos muy contentos ahora. Y estoy embarazada. Vamos a tener una familia.

EVITA: No me parece disculpándose decir me estas noticias aquí, de todos los lugares en el mundo. ¡Y con el caballo!

GABRIELA: Pero este campo es tu lugar favorito—

EVITA: (lágrimas en los ojos) ¡Claro, antes del accidente! Tú sabes que cuando mis piernas funcionaban me encantaba montar a caballo en este campo de margaritas. ¿Por qué quieres recordarme de cosas en las que no puedo participar mientras decirme que vas a tener el hijo del hombre que amo yo? No siento mejor.

GABRIELA: Porque. Vas a montar a caballo ahora.

EVITA: ¿Cómo? No puedo apretar el caballo con mis piernas. Me caeré.

GABRIELA: Mira.

GABRIELA se acerca de EVITA, la coge en sus brazos, y la pone encima del caballo. Saca un trozo de cuerda y ata las piernas a la silla de montar.

GABRIELA: ¿Veo una sonrisa?

EVITA: Eso no significa que te he perdonado. Pero… gracias.

GABRIELA: ¡Vaya! Que te aproveches.

EVITA: (Después de un ratito) Vas a ser una madre excelente.

EVITA monta al caballo y sale de la escena, riendo por la primera vez en cuatro años. GABRIELA se queda, riendo también.

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