La mía es muy larga también. Lo siento.
EVITA: (con una respira honda) He echado de menos este oler.
GABRIELA: (mirando el caballo, espalda a EVITA) Sí.
Silencio.
EVITA: (cogiendo el abanico) ¡Hace mucho calor!
GABRIELA: (al caballo) Sí.
EVITA: ¡No puedo creer que ya es el verano! No lo sabía, porque esta es la primera vez que puedo salir de casa.
GABRIELA: (al caballo) Yo sé.
Silencio. El caballo relincha.
EVITA: ¿Y cuánto tiempo llevo quedándome en cama? ¿Cuatro años?
GABRIELA: (volviéndose a EVITA) Creo que sí…
Silencio.
EVITA: (con ácido) ¿Por qué me llevaste aquí y quedarte silenciosa todo el tiempo?
GABRIELA: Quiero disculparme.
EVITA: ¿Por cuál de tus delitos? ¿Robando mi príncipe azul? ¿O casarse con él?
GABRIELA: Ninguno. Por no pedir tu permisión antes de salir con él. Pero debes saber, estamos muy contentos ahora. Y estoy embarazada. Vamos a tener una familia.
EVITA: No me parece disculpándose decir me estas noticias aquí, de todos los lugares en el mundo. ¡Y con el caballo!
GABRIELA: Pero este campo es tu lugar favorito—
EVITA: (lágrimas en los ojos) ¡Claro, antes del accidente! Tú sabes que cuando mis piernas funcionaban me encantaba montar a caballo en este campo de margaritas. ¿Por qué quieres recordarme de cosas en las que no puedo participar mientras decirme que vas a tener el hijo del hombre que amo yo? No siento mejor.
GABRIELA: Porque. Vas a montar a caballo ahora.
EVITA: ¿Cómo? No puedo apretar el caballo con mis piernas. Me caeré.
GABRIELA: Mira.
GABRIELA se acerca de EVITA, la coge en sus brazos, y la pone encima del caballo. Saca un trozo de cuerda y ata las piernas a la silla de montar.
GABRIELA: ¿Veo una sonrisa?
EVITA: Eso no significa que te he perdonado. Pero… gracias.
GABRIELA: ¡Vaya! Que te aproveches.
EVITA: (Después de un ratito) Vas a ser una madre excelente.
EVITA monta al caballo y sale de la escena, riendo por la primera vez en cuatro años. GABRIELA se queda, riendo también.
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