Una joven sola en su apartamento—consumida por emociones y nostalgia. Quiere regresar a la vida más simple…cree.
Cae la carta--
ahogando en lágrimas.
Amor caída.
Chica:
Es demasiado.
No es lo que aun quiero yo,
pesado escollo.
De ser otra,
una chica normal.
O aun, que no importa.
Una hoja floja
sobre lago de otoño.
La paz serena.
La chica, frustrada y deprimida, llama a sus padres. La madre está en casa, consumida por sus rituales cotidianos.
Cocina, limpia
con sonrisa pintada,
su papel fija.
Mamá:
Oi, idígame! ¿Hola?
¿Alguien está llamando?
¿Eres tú, chula?
Chica:
Hola mama, soy yo
¿Papa está por allí también?
Quiero hablar con vos.
Mamá:
Si, momentito--
oi, papai—coge el móvil.
¿Cómo esta mija?
Chica:
Sabes, así así.
Les echo de menos, mai.
Quiero el hogar mío.
Papá:
iOi, mi chulita!
Pienso en ti siempre, verdad.
¿Cómo fue Porto?
Chica:
iMuito bem, papai!
La ciudad—maravilla,
gente bonita.
Papá:
iExcelente, mija!
¿Y ya tienes un novio?
¿Alguien especial?
La emoción sube
¿Cómo puede responder?
¿Sin explicación?
Chica:
Todavía no—
soy amiga de todos…
y viajo tanto.
Todos lo saben.
Nadie lo confiesa.
Silencio pesa’o.
Oye, el tiempo.
Yo tengo que irme, padres.
Hablamos pronto.
Ella cuélgala
y no puede ver nada.
El terror ciego.
Lluvia persigue
Con ojos pensativos.
¿Está cambiando?
Plaga dispersa
de boca a oído.
Una hija aislada.
-Nate VanderVeen
martes, 9 de marzo de 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario