El atardecer ya pasó. Además el parque casi estaba completamente a oscura. Alexa, una mujer hermosísima, caminaba mientras olía las flores de primavera.
La olió mientras caminaba.
De repente, ella se paró y revisó su bolso. Pensó que había sonado su móvil. Estaba nerviosa, una gota de sudor por su frente.
La miró mientras caminaba. Ahora, estaba detrás de ella.
El hombre, pálido y hambriento, extendió su brazo, cubrió su boca y besó el cuello. Ella no se resistió. Después de un rato, ella se cayó lentamente como si estuviera durmiendo.
El Conde la sabía mientras desparecía en la oscuridad.
martes, 19 de mayo de 2009
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