jueves, 14 de mayo de 2009

La fuente (segundo borrador)

La fuente

(Tercera persona, no omnisciente)

El agua de la fuente cae como ayer y caerá mañana. Se sentó al lado de su hija. El reloj en su muñeca contó del día pasando – un día como otros, pero esta vez con su hija en la cama. Hacía muchos años que ha sido alguien en esa cama. Se alcanzó la mano a su cara blanca, limpia… pero la retiró enseguida. Optó por alisar la almohada y las mantas que coincidían con su cara blanca. Sería difícil distinguir la diferencia entre cara y cama si no fuera la luz del día pasando por las ventanas. De repente, se levantó y empezó pasearse de un lado a otro. La sombra le comió cada vez que él salió la luz de las ventanas. Los muebles eran marrones y polvorientos, como si hacía unas semanas que nadie los había tocado. La cama era cerca de una de cuatro ventanas en el cuarto y parecía que la cama se empapaba de la luz y del sonido de la calle. Él paró antes de una ventana del otro lado y miró a su fuente en el patio, con las manos metidas en los bolsillos. La hija tembló.

“¿Cómo te sientes, Albita? ¿Tienes frío?”

“No, no me siento nada, nada como frío. Tengo ganas de dormirme pero no puedo,” Alba susurró (la voz de la niña se perdía penas a unos momentos de sus labios) (apenas puede salir de su cuerpo).

“La medicina ya está empezando a hacer efecto. Intenta dormirte, te hace falta mucho para vencer la inmunodeficiencia.”

“Padre, ya sé que me muero. Esa es la razón por qué mamá me dejó aquí, ¿verdad?,” le preguntó, con los ojos escondidos. El padre tardó un ratito buscar sus ojos, pero no los encontró.

“Salió tu madre porque no podía cuidarte. Es demasiado débil, la maldita, ya estás en mejores manos.”

“No podía pagar,” ella suspiró, como si no quería decirlo pero tampoco podía reservarse las palabras.

“Ya está. Descánsate. Voy al jardín un ratito.” Le besó la mejilla húmeda y fría, como si fuera el suave cojín dentro una almeja, enterrado en las profundidades del océano.

Pasó por la escalera mármol y abrió la puerta al patio. La fuente le saludó como una brisa primavera refrescante. El agua salía a borbotones de las manos de la mujer encima del barreño, sin interrupción. Siempre cae. Descansó el padre, tumbado al lado del barreño. Si se ponía la cara en el barreño, el agua era una extensión de lluvia – una tormenta en la luz del verano. Le miró a la estatua grisa perla, con motas de cristal y concha. Cerró los ojos por un ratito, pero empezó desteñirse la fuente, hasta que no era una tormenta pero más un río, luego un arroyo y, por fin, unas gotas de agua. Se despertó sobresaltado por la falta de sonido y miró a su fuente con ojos sospechosos. Corrió a la cochera y encontró el canalón echando el agua por los cuatro vientos.

“¡Mierda, un boquete en el caño!”

Intentó de bloquearlo, apretarlo, incluso pegarlo, pero aún filtrarse un río constante del agua.

“Le llamo el técnico. Necesita venir ahora mismo, antes que inunda el agua todo la cochera.”

Salió por la casa y miró la fuente una vez más, con ojos traicionados. Le llamó el técnico de la cocina en la planta baja enseguida. Examinó la cocina con ferocidad por otra cosa fuera de lugar, extraña en el silencio inocente de la casa, pero no encontró nada. Subió la escalera, pero en lugar de verle a la chica fue a la gran ventana fuera de su cuarto. Se puso las manos en la repisa de la ventana y descansó la cabeza en el vidrio. Desde este punto, puede mirar a todo el jardín y el resto de la casa. Era una vista amplia. Podía oír las canciones felices de los pájaros, las brisas verdes jugando con los árboles amarillos y el río disminuido de la fuente, en fuerte contrasto a la nada de la casa, ni la falta de sonido dentro el dorimitorio. Suspiró y, por fin, entró en el cuarto de Alba. No podía oír la respiración de ella, era tan débil; entonces, se tumbó al su lado en la cama y su respiración calma y moderada llenó el lugar en que faltó suya.

- Michelle Newman


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La fuente
(Primera persona)

Ella no tiene ningún trocito de respecto. ¿Por qué no me dijo? Me dejó encontrar la realidad por mi mismo. No puedo créelo. Esto es insoportable.

El agua de la fuente se cae como siempre. Cuando necesito pensar, vengo aquí y descanso al lado de la fuente redonda y demasiado grande por el jardín. La permito rodearme, abrazarme, como la lluvia – lluvia que nunca para. Es un sistema auto-suficiente, sin interrupción, ni necesidades, ni alguna fluctuación. El agua, siempre es lo mismo, con la misma mujer de piedra gris en el centro y las mismas roturas en las manos, desde cae más agua. Me imagino que bajo las manos de la estatua sea una tormenta; pero si uno fuera sumergido en el agua en el barreño, creo que sería calma, como si la tormenta fuera vista y oído de una distancia. Quiero mucho sumergirme en el barreño y no pensar en nada. Pronto. Muy pronto no estará nada dejado, salvo la fuente.

¿Cómo puede mantener una cara tan limpia? Sin lagrimas ni siquiera un poco de sangre para colorar la mejilla. Coincide con la almohada, los dos son iguales. No tengo la fuerza para mirarla, mi hija que fue rechazada por su madre y dejada fuera de la casa. No tiene alma esa mujer, no tiene nada dentro sí mismo. Sólo tiene días, es lo que me dijeron; días, sólo días. Días sin fin ni comienzo. Sin sentido ni aire. Solo sus ojos me miran. Los ojos son blancos, salvo las pupilas en el centro, negros y sabios. ¿Qué puedo hacer? No puedo mirar ni quedar en casa con ella. El silencio es demasiado profundo, sólo hay el reloj en la muñeca que me cuenta el tiempo como siempre. El tiempo, como el agua, nunca para por nadie. Se ha convertido en una culebra – blanca, como todo en mi casa, y con ojos negros – que come más de mi cuerpo con cada hora que pasa. No hay nada que hacer. Soy un hombre, puedo vencer cualquiera cosa que quiero. Le mataré su madre – eso es. La mujer sabrá lo que ha permitido pasar y luego rechazado sin culpa. Soy un hombre; mi hija está fallando. ¿Qué puedo hacer? Esto es insoportable.

Hoy – ¿Cuál es la fecha? Pues, la mujer en la fuente se parece extraña. Tiene una cara casi amargada. ¡Qué raro! Estoy tumbado al lado de la fuente y miro el agua como cae de las manos. Me pongo a llorar y las lágrimas mezclan con el agua azul; lo mancha rojo. Cierro los ojos y solo puedo oír la lluvia de la fuente. Después de algún tiempo, solo puedo oírla desde una distancia. El sonido se destiñe, pero estoy seguro que la fuente aún está allí. Nunca para la fuente, tampoco la lluvia. Esto es el último sonido que recuerdo.

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